Lucho, me sacas los colores

Afirmación número 1: Contra todo pronóstico somos campeones de liga.  

Afirmación número 2: Como era de esperar somos campeones de liga.

De este paralelismo se derivan dos cosas, mi intrusismo en la victoria como si hubiera llevado el número 10 en el terreno de juego y lo diferentes que pueden ser dos frases dependiendo del momento de temporada en el que empecemos a mirar.

Y es que esta liga ha sido muchas cosas, irónicamente la de Benítez, según el titular del Marca del lunes la de Zidane, la de la MSN, la liga que ha tenido que esperar minutos y minutos para ver marcar a Torres su gol número 100, pero sobre todo la muestra clara de la relatividad de los resultados y de que es imposible mantenerse arriba todo el tiempo.

Si hay algo que esta liga que Johan Cruyff parece haber infectado con el número 14 – la decimocuarta, la ganada el decimocuarto día de Mayo – sí que es, es la excusa perfecta para, por fin, ponerme a hablar de Luis Enrique Martínez.

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Luis Enrique hablando en las celebraciones de la temporada pasada.

La verdad es que no empezamos con buen pie, me gustaba antes y me gusta después, pero en el momento en el que llegó, se me atragantó y es que cuando sentí la amenaza de un Barça sin Xavi salté a la defensiva como quien tapa espacios en un contraataque.

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No tuvo miedo de decir que Xavi no era imprescindible en el Barça que iba a crear

Poco a poco, con el recelo de quien anhela a Tito Vilanova, comencé a aceptar la realidad al ver llegar las victorias, porque seamos realistas, la repentina felicidad que genera sentirse ganador en esta sociedad competitiva, es capaz de cambiarlo todo. Y de repente me descubrí a mi misma escribiendo cosas como “llegó Luis Enrique y convirtió al Barça de nadie en el Barça de todos”.

Dos años y dos ligas y parece que a Lucho no le pertenece nada del mérito de haberlas ganado, ni los otros cuatro trofeos del año pasado, porque a fin de cuentas, ¿con un equipo así gana cualquiera, no?

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Palabras de Luis Enrique sobre Totti: “Casi estoy enamorado de él (…) desde el primer día ha tenido una relación muy especial con él”. 

 

Sacan a relucir los problemas con Totti en la Roma, con Oubiña en el Celta, con Messi en el Barça, que la verdad no niego ni afirmo que existieran, pero también pienso que un entrenador tiene que dejar claro quién es el que manda por encima de eternos capitanes o mejores  jugadores del mundo.  Y la verdad es que no sé si serán palabras vacías, pero Oubiña se deshizo en elogios sobre lo mucho que había aprendido de la visión de juego de Luis Enrique  y hay imágenes de Totti emocionado en la despedida del técnico que dudo que fueran de alegría.

Se escudan en los no triunfos con otros equipos, pero es que tenemos que aprender que la definición de fracaso en realidad no es esa que siempre nos repiten.  Cuando decidieron que se convirtiera en el nuevo entrenador del equipo gallego, las palabras que utilizaron para justificar la decisión fueron:

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Fue el sucesor de Guardiola en el filial

“Los equipos de Luis Enrique se identifican por varias facetas. Son equipos que juegan con muchísima intensidad, equipos que trabajan muy bien el robo de balón tras la pérdida, equipos que quieren la pelota para ser protagonistas (…) Hablando con él te das cuenta del respeto que tiene por la formación y que es un entrenador que va a poner en el campo a los jugadores que se lo ganen, a los jugadores que él crea que son mejores, con independencia de su edad, currículo y trayectoria”.

 

Aquel Celta que se había salvado por un punto del descenso lo único que quería era aprender y volver a ser competitivo. Y aunque al principio costó y se dudó de ciertas decisiones, nadie se atrevía a discutir que después de un tiempo, los aires del equipo eran muy diferentes y modestamente se empezó a conseguir hasta acabar novenos y ganando al Real Madrid en aquella liga que ganó el Atleti en el último partido.

Quién sabe, igual con un trascurso de competición más equitativo en el que no dominase un “bipartidismo” casi más político que deportivo, podría haber hecho del Celta un Leicester. Además, después de ver el 5-0 que le metieron en la primera vuelta a este Barça, creo que es muy válido insinuar que el legado sigue ahí.

Luis Enrique es el de las malas contestaciones, el que parece que no se muerde la lengua en las ruedas de prensa pero en realidad si lo hace (o más bien su psicólogo le ha enseñado cómo hacerlo). El de la boca ensangrentada por aquel codazo de Tassotti en el 94, rebosante de temperamento, soberbia y coraje. El del carácter rebelde innato que se puede ver con la firma y posterior anulación de contrato con el Real Oviedo cuando era un crío, el que siempre “ha sido así”, incluso cuando jugó con el Real Madrid aunque él quería vestir de blaugrana y de antimadridista.

¿Cómo ha pasado de ser ese jugador que tan fácil era retratar a convertirse en el mejor entrenador del año?

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El equipo de confianza de Luis Enrique, con Joaquín Valdés (psicólogo deportivo) a la izquierda del  todo.

Como el segundo nivel de aceptar a un deportista o a un entrenador en mi vida es saberlo absolutamente todo, descubrí la cosa que más me gusta de  Lucho y la que creo que actúa de condición necesaria.

Luis Enrique dejó el fútbol y lo dejó de verdad, se alejó de él y no quiso saber nada, no se puso a entrenar nada más acabar ni se fue a jugar a Qatar o a Nueva York. Se fue a Australia (aunque no se sabe mucho de esta etapa) a aprender surf y adentrarse en el mundo de las maratones y los triatlones. Y estoy convencida que si hoy es el entrenador que es, si apuesta por la exigencia y por las cosas bien hechas es porque aprendió los valores del atletismo, del trabajo individual y lo trasladó al trabajo de equipo, la constancia, el saber estar, los objetivos a corto plazo.

Como el mismo dijo una vez, en la intimidad de un vestuario, aunque luego todo se sabe: “Si mis entrenadores me vieran ahora, corriendo maratones y triatlones, seguro que me recordarían la cantidad de veces que les decía que tenía sobrecarga.”

Aprendió que lo importante es acabar la carrera y no ir pensando en la siguiente maratón cuando aún estás corriendo la primera.

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Al final, s’ha demostrat y siempre me acaban sacando el blau y el grana.

-Muchas de las ideas aquí recogidas salen del libro de Lluís Lainz, “El método Luis Enrique”, que hace poco me leí y el que aún no he dejado de releer siempre que puedo.

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