Una educación en el deporte

La definición oficial de educación física, según la RAE, es:

  1. Conjunto de disciplinas y ejercicios encaminados a lograr el desarrollo y perfección corporales.

Cuando hablamos de educación a secas, nos atrevemos a decir que es algo más que transmitir conocimientos. Inferimos una cualidad mental, social y emocional al verbo educar y aún así, no aparece por ningún lado en la definición anterior.

¿Por qué se nos olvida el significado de las palabras al añadirles un apellido?

El desprestigio que normalmente sufre la educación física va más allá de ser llamada “gimnasia” como si se tratase de simplemente un par de estiramientos dentro de un pabellón o considerada la hora adicional al recreo.  Lo que más daño hace es que no sea entendida tan importante como cualquier otra asignatura y que sus horas cada vez se reduzcan más, llevándonos de nuevo a la cola de Europa.

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Uno de los dibujos de mi profesor de Educación Física 

Queremos una mejor calidad de vida y escuchamos todo el rato campañas que promueven el movimiento y la actividad física, pero sin embargo se empeñan en eliminar la única fuente de ejercicio que muchos niños tienen.
No se trata simplemente de promover hábitos saludables ni adentrar a los alumnos en el mundo del deporte, dándoles la oportunidad de probar algo que no solo se les pueda dar bien, sino que les pueda apasionar.

Una educación física bien planteada llama a la cooperación, al trabajo en equipo, a la integración, aceptación de roles, ruptura de estereotipos culturales o de género (sí, exactamente eso que buscamos para nuestra sociedad ideal).

El deporte significa romper rutinas y generar una vía de escape. Con él se aprende a controlar impulsos o regular emociones. Con sus metas alcanzables se genera una mayor autoestima, confianza (sí, exactamente lo que queremos, menos ansiedad y menos depresión en el mundo).

Y para que esto ocurra tiene que haber un  buen profesor de educación física.

¡Cómo me alegro de poder decir que yo tuve esa suerte! ¡Y qué gran personaje era mi profesor!

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Tres grandes profesores de Educación Física

Porque la verdad es que cuando a alguien le apasiona su trabajo, enseñar todo lo que sabe, que sus alumnos se enganchen al deporte, que mejoren, que disfruten, entonces y solo entonces, todo el mundo se atreverá a decir lo bueno que era.

Mis clases de educación física, dos a la semana, aunque por aquel entonces no las analizaba tanto, estaban muy bien planteadas.

Y es que se basaban en objetivos claros y metas alcanzables.  No hacía falta que todos obtuviéramos el mismo gran nivel sino que cada uno  mejorase y avanzase según sus posibilidades. Y eso, creedme, es la base de una buena educación.

Mi profesor de educación física era un tipo que sabía mucho, y entre broma y broma, aprendimos a pasar un testigo en una carrera de relevos. Y aún me acuerdo de todos los golpes de bádminton y de los pitidos del silbato en el course navette. Pero también nos enseñó anatomía, el funcionamiento del sistema cardiorespiratorio, a distinguir entre un ejercicio aeróbico o anaeróbico…

¿Parece mucho más que hacer gimnasia verdad?

Todos éramos importantes y a pesar que la dislexia a veces le afectaba para el tema de los nombres, siempre contestaba e incluso a veces era él el que llamaba.

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Cuando un profesor, en sus horas libres, se dedica a ayudar a una alumna para una prueba de acceso, es una buena señal. Y cuando mueve cielo y tierra porque sus alumnos aprendan un deporte nuevo, en un contexto diferente, que puedan decidir si es algo que les gusta, entonces es aún mejor.

La verdad es que el otro día, recordando el temario de cierta asignatura que hace poco tuve que estudiar, uno de los párrafos venía a contar que como profesores hay que darse cuenta que cuando los alumnos nos ven por ahí, fuera de las paredes del centro, seguimos siendo ese marco de referencia que la palabra profesor lleva implícito.

Quizá es eso lo que más me gustaba de aquel profesor de educación física. Siempre se estaba riendo y siempre parecía ser el más importante de la conversación. Desde el momento uno lo daba todo por solucionar tus problemas como si fueran suyos, creaba un paréntesis para saludarte por los pasillos o por la calle o por la vida.

Disfruté, y como yo muchos otros, de esa educación física bien planteada que al fin y al cabo, no es tan difícil de lograr. Y casi sin darnos cuenta, podemos encontrar aquel componente emocional, social y mental  del que tanto nos gusta hablar cuando nos referimos a educar.

Estoy aquí, desde este pequeño megáfono que tengo a mi alcance, para reivindicar la Educación Física como parte fundamental de nuestro desarrollo escolar, para sumar mi granito de arena a que se aumenten las horas semanales y se aprecie la labor de sus profesores.

Estoy aquí, porque tengo la suerte de poder decir que no sólo me enseñaron educación física, sino que me educaron en el deporte y me gustaría que todos pudieran decir lo mismo.

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Un comentario en “Una educación en el deporte

  1. Eres grande,Paula,me encanta tu forma de pensar y de enfocar la Esucación Física.Espero poder trasladar todo lo que expones a mi alumnado.No tuve la suerte de que esos “tres grandes profesores de Esucación Física” me dieran clase…pero soy muy afortunada,porque de los tres aprendí,sigo aprendiendo y aprenderé un montón de cosas en la “escuela de la vida”.
    Gracias por compartir tu trabajo

    Le gusta a 1 persona

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