El deporte como alternativa al TDAH

Creo que no hace falta hablar de todos los méritos que a estas alturas ha alcanzado Michael Phelps y quizá no los menciono porque no me acuerdo del número exacto de medallas que colecciona. Ahora tenemos claro que cada vez que la estrella del equipo estadounidense de natación se acerca a la plataforma va a salir del agua siendo o ganador o como poco medalla de plata.  Pero no siempre fue así e indiscutiblemente, hubo una época en la que muchos no se imaginaban que sería el encargado de pasear la bandera de Estados Unidos en unos Juegos Olímpicos.

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Michael Phelps en su hábitat natural

En el colegio Michael era un niño inquieto, de esos que no aguantan sentados y hablan todo el rato, se distraen y acaban siendo catalogados como un hándicap para el resto de los alumnos. Por eso su madre, Debbie, una firme creyente de las posibilidades de su hijo, en una reunión con sus profesores les dejó caer que igual Michael no se sentía motivado y se aburría con las cosas que le intentaban enseñar en clase. El profesorado casi se tomó a burla la posibilidad de que Michael Phelps fuera superdotado e incluso añadió que no llegaría nunca a triunfar en nada. No estoy segura de las fechas, pero probablemente fuera poco después de esa reunión cuando se le diagnosticó de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y empezó a ser tratado farmacológicamente.

Sin pararme excesivo tiempo en comentar la necesidad que existe de plantear el sistema educativo de otra forma, creo que son la falta de motivación que se transmite al alumnado y la poca creencia en sus posibilidades, las principales causas de que su rendimiento sea más bajo de lo deseado. Y seguramente si enfocásemos la educación de cara a las inteligencias múltiples, prestásemos atención a otro tipo de cualidades además de al número que marca el cociente intelectual y las hiciéramos importantes y válidas, no habría tantos niños incapaces de centrarse en una clase de tercero de primaria, porque igual las matemáticas no se le dan bien, pero la música sí o el dibujo artístico. Eso sumado a que el mundo en el que nos estamos empezando a adentrar es cada vez más sedentario y parece más normal ver a niños sentados con una tablet que corriendo de un lado para otro, está haciendo que haya más número de diagnósticos de TDAH.

Y no me voy a meter en el debate abierto de si de verdad existe tal trastorno o no, pero sí considero que el número de falsos diagnósticos y la necesidad de etiquetar a un niño como “hiperactivo” ha aumentado y quizá no es que el niño no pueda estarse quieto sino que es un niño.

La otra necesidad que va unida a un diagnóstico es la búsqueda de una solución inmediata. Y normalmente, para el TDAH, parece venir de la mano de los fármacos.

Michael Phelps tomaba Ritalin tres veces al día y como él muchos niños dependen de una pastilla para “sobrellevar” sus rutinas. Pero si lo buscamos en internet, nos aparece que el nombre genérico es metilfenidato y que está catalogado como un narcótico de clase II, es decir, en el mismo nivel que la cocaína, la morfina y las anfetaminas. Nos encontramos con una lista bastante amplia de efectos secundarios, que al parecer casusa dependencia y que hay muchas posibilidades de que en un futuro el niño consuma drogas. Pero el prospecto no acaba ahí y es que también advierten de la posibilidad de desarrollar síntomas psicóticos como alucinaciones o pensamientos suicidas.

Y aún así en muchísimos casos se opta por la inmediatez de los fármacos en lugar de buscar otra solución no vinculada a las drogas.

El fin de semana eran los únicos días en los que Michael Phelps podía no medicarse y optaba por invertir toda esa energía sobrante en la piscina de 50 metros. Por eso, tan solo un año después, decidió él mismo dejar los fármacos y con esa decisión, llegó una nueva vida a la que cada vez sumaba más horas de entrenamiento en el agua.

Se ha demostrado que el deporte es una alternativa para las personas con TDAH. Al fin y al cabo, muchos piensan que el TDAH surge del caos y que una vez existe una estructura alrededor de la persona, pueden moverse con total normalidad. El autocontrol, la mejora del comportamiento, la disciplina y la forma de canalizar los sentimientos negativos están asociados a la creación de rutinas que nos proporciona el deporte. Un sentimiento de motivación, interna o externa, que se focaliza en intentar mejorar.

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Gervasio Deferr, medallista olímpico en Sídney, Atenas y Pekín.

Cuando hablamos de deporte y deportistas catalogados como “hiperactivos”, sale el nombre de Gervasio Deferr. El medallista olímpico empezó en el mundo de la gimnasia simplemente porque no se estaba quieto y sus padres tenían miedo de que se hiciera daño dando saltos por casa. Y ahora es el mejor gimnasta que hemos tenido en este país.

No estaba diagnosticado, pero hay muchos deportistas que si lo están y nos encontramos a muchos de ellos en el golf. Bubba Watson o  Payne Stewart han sido dos de los que abiertamente hablaron del tema y es curioso precisamente porque el golf se basa en concentración y golpes precisos. Si tiramos de definición ¿no sería exactamente lo que no puede hacer una persona con TDAH?

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Bubba Watson enfrentando un golpe. 

Como hemos dicho antes, la clave está en las estructuras. Y el golf es lo que proporciona, una estructura lineal y meticulosa de la no te puedes salir, pero sí puedes triunfar y al  mismo tiempo en cada golpe hay algo nuevo que te motiva a seguir.

Está claro que no todos los deportes son iguales y por eso no todos se ajustan a las necesidades de una persona con TDAH, está demostrado que son mejores los deportes individuales que los de equipo.

Los niños con este tipo de trastorno no se ajustarían bien a las tácticas o al orden de un equipo de fútbol o de baloncesto en el que tienes que estar pendiente de tus compañeros aparte de ti mismo. Además, la amplitud de las jugadas, los turnos en los entrenamientos e incluso los propios compañeros de equipo, son fuente de distracción.

Por el contrario, los deportes individuales son más indicados porque les proporcionan una relación más individualizada con el entrenador, muchas veces ejercen como modelo e instruyen paso a paso en la realización del deporte. Un modelado que reduce el índice de distracción de los niños. Es el caso por ejemplo, del taekwondo, que lleva implícito una disciplina basada en el respeto al entrenador así como una sucesión de movimientos concretos, suaves y precisos.

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El taewkondo y las artes marciales en general serían una de las mejores soluciones para el TDAH

Mi conclusión es que hay miles de soluciones alternativas al trastorno por déficit de atención e hiperactividad sin necesidad de drogas. Hablo del taekwondo o de  la natación o el salto de potro pero estoy segura que podría hablar de tocar el violín y sería lo mismo.

No es necesario tomar fármacos porque no hay que curar, se trata de entrenamiento en habilidades, de adaptar el entorno a la persona.

Como decía Michael Phelps “sólo necesitaba un medio donde liberar toda mi energía y encontrar el equilibrio”.

 

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