Solo bajo el larguero

El club azulgrana al que crecí admirando para mí no tiene sentido sin Víctor Valdés bajo los palos. Forma parte de esa generación de logros incontables y talento inmesurable.

Era la primera vértebra de aquella valiosa columna. Y sin embargo, se pasó toda su etapa formativa sufriendo por ser portero.

No quería guardar la meta ni ser protagonista de esa soledad a la que te relega el área pequeña.  Cada fin de semana esa esencia de diversión se difuminaba entre tanto sufrimiento.

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Era el chico que quizá no disfrutaba de aquello que estaba viviendo (Imagen vía youtube.com)

Muchas veces el portero es el gran olvidado en las victorias y el mayor culpable en las derrotas.

De hecho, en este reciente clásico que al parecer es uno de los mejores de los últimos tiempos, el portero del Barça, Marc Ter Stegen hizo un partidazo. Sacando manos imposibles y volando de palo en palo y sin embargo, de eso no hablan los tertulianos y la única foto que sale en portada es la del número 10.

Parece que para que reconozcan tus méritos tienes que convertirte en uno de los héroes de una final del Mundial, con un pie prodigioso en los últimos minutos. Y aún así, nadie te asegura que tus fallos no sean imperdonables tan solo meses después. Porque no creo que San Iker Casillas fuera solo la excepción que cumple la regla.

Supongo que esa es la razón por la que los niños siempre prefieren ser el delantero pichichi o el mediocentro que crea juego. Estamos dotando a nuestros porteros de la obligación de hacerlo todo siempre bien.  Por eso cuando dan su mejor versión pasan desapercibidos y cuando cometen un error acarrean ellos con la derrota del equipo.

Qué curiosa esa difusión de la responsabilidad, como si los 10 jugadores anteriores no hubieran fallado también y simplemente el portero al no salvar los platos, se lleva todas las culpas.

Es esa presión la que lleva a miles de guardametas a sufrir pánico al error tal y como Víctor Valdés lo sufrió. Esa manera de educar hacia el resultado y no hacia el rendimiento es el peor error que cometemos en el fútbol formativo. En el deporte formativo. Y por eso, una vez más reivindico la presencia de los psicólogos deportivos a pie de campo y no solo para apagar los fuegos.

La parada de Iker Casillas a Robben en la final del Mundial 2010 (Imagen vía worldofootball.wordpress.com)

La finalidad del fútbol es conseguir acabar con el marcador a tu favor y parece que se nos olvida que para eso no solo hace falta meter goles sino también pararlos. Si el portero no fuera importante, no habría porterías en el campo y se habrían inventado otras reglas diferentes.

Pero la importancia del arquero va más allá de atajar el esférico o no. Bajo esos tres palos es donde empiezan y acaban la mayor parte de las jugadas, por lo que no solo es una pieza clave del sistema defensivo, sino donde se inicia el ataque.

El portero es el único que puede ver a todos sus compañeros y a todos sus rivales desde su posición. Por lo tanto, está en un sitio más que privilegiado para ser un líder, animando tanto en el acierto como en el error y dirigiendo a sus compañeros siempre que sea necesario.

Y esa es una de las cualidades que más buscamos en un portero. Queremos porteros que lideren la defensa, que se comuniquen con sus compañeros para evitar fallos innecesarios, que sepan colocarse bien, tomar decisiones en un período de tiempo muy corto, que manejen el foco atencional y gestionen sus errores.

Eso es lo ideal, pero la verdad es que muy pocas veces  los entrenadores diseñan entrenamientos que involucren al portero y se dirijan a mejorar todas esas funciones que queremos que cumplan. Y sinceramente, si las cosas no se entrenan, es imposible que salgan en los partidos.

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Víctor Valdés, Iker Casillas y Pepe Reina entrenan de manera específica en una convocatoria con la Selección Española (Imagen vía que.es)

Es cierto que tenemos entrenamientos específicos de porteros, pero que estos existan no es una excusa para que en los entrenamientos del  equipo completo el portero quede relegado a un segundo lugar, casi siendo un espectador del entrenamiento de sus compañeros.

Estructurar bien los entrenamientos es quizá lo más importante que tiene que hacer un entrenador. Necesitamos sesiones que sean lo  más transferibles posible a la situación de partido, no solo para que los jugadores vean que están haciendo algo que merece la pena hacer, sino porque es de la única forma en la que vamos a conseguir los resultados que queremos. El partido no es el momento de enseñar cosas, eso se hace en el entrenamiento.

Abro paréntesis para decir que si existen entrenadores de porteros y entrenadores de equipo, es imprescindible que hablen sobre las necesidades de los porteros. Por ejemplo, en un equipo de alevines, puede que el entrenador detecte que en los partidos el portero no se coloca bien, pero el entrenador de porteros no lo detecta porque no lo suele ver en situación de partido (que pasa muy a menudo en fútbol base). En ese caso, tendrán que hablar para informarse el uno al otro y poder  formarle mejor.

Aún así, para que un portero sea buen portero no solamente tiene que entrenar en solitario y de forma específica, sino que tiene que entrenar con el resto del equipo como un conjunto. Si queremos que hable con sus compañeros, tenemos que darle la oportunidad de entrenarlo. Si queremos que lidere a la defensa, que los coloque en las faltas y en los saques de esquina, primero tendremos que saber si sabe hacerlo y entrenarle para que lo haga y que sus compañeros también se entrenen escuchándole.

No vale quejarse a posteriori de algo que no estamos entrenando.

Ya sé que no hay que generalizar y que hay muchos entrenadores que ya cuidan estos aspectos, pero hay muchos más que aún no lo hacen.

Los porteros son fundamentales, son parte del equipo y tenemos que sacar su mejor rendimiento.

* Imagen destacada vía barcablog.com


  • Informe Robinson de Víctor Valdés : Explica su trayectoria formativa y las veces que intentó abandonar, así como un breve comentario sobre su experiencia con un psicólogo.

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