Superar lo imposible

Resiliencia es la capacidad que tienen las personas para hacer frente a situaciones adversas.

Es decir, no se trata de esquivar el golpe sino de saber recibirlo.

E inevitablemente el deporte tiene mucho de esa esencia de soportar y recuperarse de la acción de agentes perturbadores.

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Teresa Perales, una de las mejores deportistas paralímpicas de la historia.  (Imagen vía 20minutos.es)

Teresa Perales tiene, como mínimo, 27 posesiones muy valiosas: 26 medallas paralímpicas en natación y resiliencia. 

Y es que una de las infinitas cosas en las que nos dan mil vueltas los deportistas con alguna discapacidad, es en esto de hacer frente a las adversidades.

El día en el que Teresa asumió que no iba a poder andar y decidió aprender a nadar para estar compitiendo solamente un año después, fue el día en el que la palabra “resiliencia” se agregó a su curriculum de cualidades humanas. Y por eso, con 41 años está a solamente una medalla de igualar a Michael Phelps.

Es verdad que resilientes son todos los deportistas que participan en los juegos paralímpicos y todos los que siguen luchando por la inclusión en el deporte. Pero resiliente también es Lucas Eguibar. Y sobre todo su hermano Nico. 

Desde que Lucas cogió la tabla de snow, se convirtió en la gran promesa de la nieve española. Iba cada vez más rápido, más fuerte, más lejos. Directo al éxito y a los triunfos.

Hasta que su hermano  Nico tuvo un accidente de moto y derrapó sobre la necesidad de empezar de cero.

Fueron unos meses de incertidumbre y parón que dejaron a Lucas a las puertas de una final olímpica en Sochi 2014. Una caída en la semifinal que marcó el inicio del pacto entre los dos hermanos y el pico más alto del carácter resiliente. Desde ese día, los dos se propusieron conseguir sus propios objetivos de éxito y meses después, Lucas Eguibar levantaba el globo de cristal de campeón del mundo, abrazando a su hermano en la última carrera.

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Los hermanos Eguibar se abrazan tras la medalla de plata de Lucas en los munidales de Sierra Nevada de este año. Un nuevo triunfo de un pacto que no se rompe.  (Imagen vía as.com)

Dicen que nunca sabes a ciencia cierta si eres o no resiliente hasta que no te toca serlo. Es difícil calcular cuál será tu capacidad de adaptación al golpe antes de recibirlo. Quizá por eso, la palabra de las mil definiciones tiene un carácter inefable antes de haberla vivido.

Pero también es verdad que podemos educar en los valores de la resiliencia y poner en bandeja una característica latente que quizá tenga que ponerse en marcha más adelante. 

Al fin y al cabo, algo de resiliencia tiene también el taekwondista que ha aprendido a tolerar la frustración de quedarse sin medalla en el punto de oro de un combate. El piloto​ que se sube a la moto al día siguiente de haberse operado de la clavícula. El atleta que llega a su meta el día que más aire le falta…

Marcelo Bielsa (Imagen vía minuto1.com)

Decía el loco Bielsa en una de esas ruedas de prensa con aire a masterclass, que el “declive” de su Olympique de Marsella se debía a una falta de resiliencia. Utilizaba la definición de la física para decir que el equipo no había sabido sobreponerse después de haber sido golpeado. Y que toda la culpa la tenía él.

Para Bielsa, la labor del entrenador como líder recae en sabe explotar ese carácter resiliente de los jugadores. Y para mí, esa es una de las llaves que tenemos los psicólogos deportivos.

Nosotros podemos explotar la resiliencia potenciando que los deportistas sean capaces de sobreponerse a sus errores, en eso se basa querer seguir intentándolo una vez más. Si orientamos hacia el rendimiento y no hacia el resultado, hacia la maestría y no hacia el ego, las probabilidades de gestionar la presión de una competición, de mejorar y de alcanzar objetivos, será mucho mayor. Si sumamos el entrenamiento mental a la rutina del deportista y enseñamos en qué se basa el control del pensamiento, podremos conseguir que el equipo remonte en los dos últimos minutos.

El  aprendizaje se trata de crear contextos para que nuestros deportistas mejoren. Vamos a atrevernos a crear contextos que fomenten la resiliencia.

No sirve de nada enseñar a no caerse. Tenemos que enseñar que es posible caerse, cómo caerse y cómo levantarse.

*Imagen destacada vía facebook.com/olympicchannel



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